¡Mójese Profesor Vera, mójese!

A lo largo de mis años de gestión, universitaria y no universitaria, puedo dar fe de que, si tener ideas es ya complejo (para algunos «per se», para otros solo «per accidens», que diría Aristóteles), mucho más complicado es aplicarlas a una realidad que, casi siempre, se muestra reacia a los cambios. Y esto viene a cuento para responder a algunos de los mensajes que han llegado a esta página y que me insinúan que «baje a la arena» y que «me moje». Que concrete medidas. Bueno, pues voy a ello, aludiendo a tres cuestiones de las tantas que califico como básicas, aunque éstas tengan un denominador común: la siempre necesaria planificación, que lo es mucho más aún, creo, en el caso de la Universidad Rey Juan Carlos.
  1. El catálogo de titulaciones (simples o  dobles; bilingües o semipresenciales; grados, posgrados o títulos propios), tenemos que consensuarlo y definirlo, a medio y largo plazo, realizando un estudio previo de cada una de ellas, atendiendo a múltiples factores, que van desde el plantel de profesorado con el que se cuenta, la demanda existente, la compatibilidad con otras ya existentes…
  2. Creo que tenemos que realizar un estudio de las necesidades y demandas de cada campus en aularios, laboratorios, equipamiento informático, residencias, instalaciones deportivas, zonas verdes… Y las necesidades serán diferentes, y habrá que entenderlas de manera asimétrica, en docencia, en investigación o en otras instalaciones. Si me permitís, pondré algunos ejemplos: contando con la iniciativa privada, es decir, sin coste alguno para la Universidad Rey Juan Carlos, creo que debe salir a concurso una residencia en cada uno de los campus de la misma. Igualmente considero que en Vicálvaro no se requieren más aularios sino reformar y adecuar, para hacerlos sostenibles, los existentes, optimizar las coordenadas espaciotemporales de cada aula y actuar en equipamientos informáticos, de ocio y deportivos. Pero, como puedo estar equivocado, insisto, primero lo estudiamos y luego concretamos inversiones y todo ello se transmite a toda la comunidad universitaria.
  3. Debemos plantearnos también la existencia de las Unidades Docentes Delegadas, tal y como se encuentran concebidas en la actualidad. Voy a ser más claro aún. Creo que es importante que podamos, por ejemplo, impartir titulaciones relacionadas con el ámbito jurídico, económico o de la Empresa fuera del campus de Vicálvaro; pero ¿en Móstoles, en Alcorcón, en Fuenlabrada… y en Ferraz? Pues no lo creo. Hagamos cuentas, racionalicemos no solo el tema económico sino los costes, por ejemplo, en términos de investigación, y decidamos al respecto, respetando la plantilla de profesorado actual y permitiendo que cada uno de nosotros no se encuentre al 90 o 100 por ciento de su capacidad docente (y casi de su resistencia vital, si se me permite la expresión).
¿No sería posible, por ejemplo, tener Unidades Docentes Delegadas de dichos ámbitos en uno solo de los campus «del sur», manteniendo o incrementando, si procediese, el número de grupos? ¿Cuántos estudiantes perderíamos, sabiendo que las tres ciudades se encuentran muy bien comunicados por transporte público? ¿Cuánto dinero se dejaría de ingresar por tasas? ¿Qué mejora significaría no solo para los profesores sino también para unos estudiantes que tendrían a sus docentes conviviendo con ellos toda la jornada, en despachos adecuados, y con los fondos bibliográficos debidos? ¿Me he mojado bastante? Aunque aún no es el momento, no tengas la menor duda que, con tus ideas concretas y las que yo pueda también aportar, haremos una excelente aportación a la gobernabilidad de nuestra querida Universidad. Retrocedo de Aristóteles a su maestro y su «mito de la caverna», para superar la divergencia conocida entre la idea y la realidad platónica. En buena política, también en buena política universitaria, ideas y realidades deben ir siempre de la mano.

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