«La democracia es la peor forma de gobierno, si exceptuamos todas las demás»

Ya sé que esta frase está muy utilizada… Por algo será, digo yo.

La democracia, el Estado de Derecho, configura uno de los genes más relevantes de la cultura occidental; es la “culpable” del paso de la persona desde la subcategoría de “súbdito” a la de “ciudadano”. Y pasar de súbdito a ciudadano, no lo olvidemos nunca, conlleva el aderezo básico de la libertad, que junto a la igualdad, establecen los ejes vertebradores de la esencia del ser humano.

La democracia, sí, la democracia. Un sistema de gobierno, pero también una manera de ser y de ver la vida; una base sobre la que construir la convivencia, basada en el respeto al otro, que nunca es el “enemigo schmittiano”, sino el compañero que tiene ideas diferentes a las tuyas.

  Pues sí, democracia y universidad son y deben ser conceptos compatibles. Mucho más en España: nuestra historia reciente así lo destaca. En tiempos de tinieblas, la universidad surgió como luz democrática… Y ahora, en tiempos de libertad, la universidad debe seguir parámetros democráticos ¿o no estamos de acuerdo? Y una cosa es asentir teóricamente y otra repartir el trigo… Al menos, en la Universidad Rey Juan Carlos, espero y deseo que sea así.

  Democracia y universidad; universidad y democracia… En vísperas de unas elecciones como las del 15 de febrero, creo que es bueno recordar la síntesis de ambos elementos, solicitando respeto, en las formas y en el fondo; discutiendo de propuestas, de proyectos y no de personas.

  Y, sobre todo, pensando en lo que ayer indicaba, son los democráticos unos principios que deben alcanzarse a partir del 16 de febrero, que es cuando, realmente, comienza lo importante para el 99 por ciento de todos nosotros.

  Concluyo el post de hoy refiriéndome a una frase de mi maestro el Profesor Jiménez de Parga: «La democracia es, a mi juicio, el régimen político en el que se alcanza la identificación entre gobernantes y gobernados”.

  Logremos mediante estas elecciones que esa identificación sea posible. Y ello se logra con la responsabilidad de los unos, de los candidatos, autoexigiéndose una mínima valía como posibles representantes de los intereses de la Universidad Rey Juan Carlos ante las instituciones públicas y/o privadas; y también, sobre todo, con el comportamiento cívico de toda nuestra comunidad universitaria, de unos electores que tendremos que elegir a quienes nos gobiernen y exigirles, además de capacidad de gestión, los consensos, la participación, la honestidad y la transparencia adecuadas, cualidades todas ellas que quiero que sean predicables en la realidad cotidiana de nuestra casa.

  Seguro que Churchill también reflejaría esta idea en relación con la universidad. Seguro que la Universidad Rey Juan Carlos la hará suya. Seguro que, entre todos, haremos posible que democracia y universidad caminen siempre juntas.

  PS. La democracia en la universidad nunca puede estar reñida con el mérito y la capacidad… Eso sería caer en lo que Sartori denomina “demolatría”. Nada más lejos de mi intención.

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