Insisto, dos debates conjuntos… contratos éticos… y ¡nada de subvenciones electorales!

Quiero pensar que el debate académico protagonizará una campaña electoral que transcurrirá con la necesaria educación y respeto que la inmensa mayoría merecemos. Una educación y un respeto que sirvan de acicate para que la crítica y la discusión primera dejen paso, después, a posturas conciliadoras.

Y digo esto porque creo que las respuestas a los interrogantes sobre el presente y futuro de nuestra Universidad resultan evidentes para todo aquél que realice un estudio sereno y riguroso. Nuestra nefasta financiación pública conlleva unas condiciones manifiestamente mejorables, por no decir paupérrimas, en la docencia y la investigación, algo que, pese al esfuerzo de los profesores, repercute en nuestros estudiantes. Hay, pues, que hacer hincapié en esta cuestión económica para posteriormente a) racionalizar la docencia de nuestros profesores (insisto en alcanzar una nueva definición de nuestras Unidades Docentes Delegadas como ya he comentado, mejorando con ello nuestras condiciones de trabajo, especialmente en el caso de los docentes adscritos a las Facultades de Ciencias de la Comunición y de Ciencias Jurídicas y Sociales; igualmente b) definir un nuevo rumbo en la investigación que nos lleve a mejorar nuestro posicionamiento nacional e internacional, sí, pero también nuestra transferencia de resultados a la sociedad, es decir, potenciar “la venta” del trabajo de nuestros excelentes investigadores.

Para lograr el paso de la disputa al acuerdo, a la conciliación, creo absolutamente necesario que los candidatos, de manera voluntaria, acuerden celebrar actos conjuntos para exponer sus ideas. Al menos uno al comienzo de la campaña y otro al finalizar los tan exiguos cinco días de la misma. Estoy seguro de que gran parte de los contenidos programáticos coincidirán y, también estoy seguro de ello, los mismos candidatos asumirán ideas del contrario como propias, como positivas para nuestra comunidad. Lo contrario sería impensable en una sociedad civilizada como creo que es la nuestra.

No quiero extenderme más… Sigo creyendo que cualquiera de los candidatos debería firmar un “contrato” con la comunidad universitaria en los términos que ya he expuesto y que conoces, en aras de la transparencia, la responsabilidad, la regeneración democrática, y del sentido común, el menos común de los sentidos, que también debería contar…

Y, desde luego, los candidatos, por ética y por estética, deberían renunciar públicamente a recibir, no ya hasta 5000 euros para sufragar gastos electorales… Deberían renunciar a recibir un solo euro. La campaña se puede y debe hacer, con esfuerzo, seguro, pero sin incurrir en ningún tipo de gasto, al menos que tengamos que sufragar entre todos.

PS. Y tengamos dos dedos de frente. Perseguir ideas, aparte de conculcar el derecho de libertad de expresión, es un error político. Mucho más si nos referimos a estudiantes…

¡Qué país, qué paisaje… y qué paisanaje! en palabras del ermitaño Rector Unamuno.

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