¡Es la economía…!

Me refiero en esta nueva entrada a la penosa financiación que sufrimos en nuestra universidad desde hace años. No estamos ante una cuestión coyuntural, no… Se trata de una realidad estructural que nos ha hecho, que nos hace, a los profesores, desarrollar nuestras tareas docentes e investigadoras en situaciones muy mejorables.

La escasez de medios repercute también, cómo no, en nuestros estudiantes: profesores sobrecargados de horas y de kilómetros, escasez de medios bibliográficos, instalaciones con menos mantenimiento y actualización… Y nuestro personal administrativo y de servicios, mientras, apagando fuegos como puede…

Siendo esta una realidad incontrovertible, ante la llegada de un nuevo equipo rectoral que deberá planificar sus actuaciones más relevantes, y teniendo en cuenta que se está tramitando en la Comunidad de Madrid una Ley de Universidades, de modernización del espacio madrileño de educación superior, creo que estamos ante una coyuntura única para, de una vez por todas, lograr una financiación digna, equilibrada, suficiente, que nos permita competir en igualdad de oportunidades con el resto de universidades.

Recuerdo los datos que figuran en esta página en el apartado “Financiación y gestión económica”. Datos tan fríos como escalofriantes… Y que, ojo, no son inventados, sino que se obtienen de un tercero independiente, la Fundación Conocimiento y Desarrollo.

Atendiendo al número de estudiantes, factor esencial en cualquier institución docente, bien que no sea el único (admito, por tanto, desviaciones en cuanto a la igualación financiera total teniendo en cuenta otros parámetros), la diferencia entre la financiación de nuestra universidad con la Autónoma de Madrid es del ¡trescientos por cien! Concretamente, nuestra universidad recibe 1842 euros por estudiante, frente a los 5987 de la Universidad Autónoma. La Universidad Complutense recibe 4688; la Politécnica 5292, la de Alcalá de Henares 5755 y la Universidad Carlos III, 5772. En fin… Son datos… ¡y qué datos!

Como soy “de letras”, procedo a un “redondeo” tan simple como significativo para poner unos ejemplos. Si la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid procediera a la tan necesaria como urgente apertura y dotación correspondiente del modelo de financiación de las universidades para equilibrar los presupuestos de las seis universidades públicas (aunque ahora parece que se quiere crear otra dedicada a las Actividades Artísticas); si, de verdad, se apostara por nuestra universidad como una más, sin privilegios pero tampoco sin desigualdad alguna, con un número cerrado de cuarenta mil estudiantes, nos encontraríamos con que, aplicando los parámetros de la Universidad Autónoma, es decir, casi seis mil  euros por discente, el montante de la transferencia a pagar a la Universidad Rey Juan Carlos sería el de multiplicar dicha cantidad de alumnos, cuarenta mil, no por menos de dos mil euros, sino por seis mil. Así, pásmate, pasaríamos de cobrar por este concepto ochenta millones de euros a recibir ¡doscientos cuarenta! Sí… ¡¡¡doscientos cuarenta millones de euros!!!! Lo has leído bien…

Pero bueno, alguno pensará que estoy yendo a lo máximo… Pues bien, simplemente, atendiendo a la ratio complutense, la segunda universidad madrileña peor financiada, la Universidad Rey Juan Carlos debería recibir, en vez de ochenta millones de euros…¡¡¡más de ciento sesenta millones!!! Insisto que estos datos resultan sólo de atender al número de estudiantes.

Observa las cuantías de las que estamos hablando… Evidencian que no podemos seguir así, por respeto a nuestros estudiantes, a nuestros profesores y a nuestro personal administrativo, además de por el mínimo respeto institucional que nos es debido.

Sin miedo a equivocarme, junto con la impecable gestión interna de los fondos públicos, creo que esta es la batalla principal que todos hemos de dar, mucho más en el comienzo de un nuevo periodo rectoral que se abre, dicen nuestros políticos, con menos incertidumbres económicas regionales, nacionales e internacionales, y después de unos años fatídicos preñados de recortes.

Sin estridencias sobradas, pero con la prontitud y contundencia que se necesiten, todos a una, con el apoyo de las asociaciones de estudiantes, departamentos y facultades, creo que la Universidad Rey Juan Carlos debería:

  1. Elaborar modelos de financiación atendiendo a todas las variables posibles y presentarlos a estudio tanto de la Consejería de Educación como de la CRUMA… Se trata de racionalizar la cuestión, intentando “jugar en nuestro terreno”, de dar, y ayudar a que se den los primeros pasos para corregir la precariedad de medios en la que se encuentra nuestra Universidad.
  2. Solicitar, junto con la CRUMA, que, en la meritada “ley de modernización universitaria”, se incluya una disposición transitoria en la que se establezca que, en el plazo de tres meses desde su aprobación, y siempre antes del nuevo ejercicio presupuestario, debe comenzar a discutirse el nuevo modelo de financiación de las universidades. Un modelo justo, equilibrado, que atienda a las necesidades actuales… y que, desde luego, no permita desequilibrios como el aludido.
  3. Instar a la administración regional a que la creación de nuevas universidades públicas se realice, en todo caso, con posterioridad a la aprobación del nuevo marco financiero y la consiguiente dotación presupuestaria del mismo… El argumento, presentado por la CRUMA, es básico: si no se financian convenientemente las universidades existentes, parece un acto de desprecio crear una nueva y dotarla de una financiación que se escatima a las actuales.

Dicen que fue Seneca quien definía la economía como la ciencia necesaria para eliminar gastos superfluos. Yo estoy de acuerdo, todos estaremos de acuerdo, en que han de gestionarse los recursos públicos con eficacia y eficiencia; que los gastos superfluos no se pueden, en ningún caso, permitir. Sí, pero en la Universidad Rey Juan Carlos, y a la fuerza, hemos eliminado incluso gastos que eran, que son, absolutamente necesarios, esenciales, para el desenvolvimiento de nuestras tareas, tales como los de compra de libros, revistas o utensilios de laboratorio. No te cuento nada sobre equipamientos de todo tipo o de los sobreesfuerzos docentes realizados… Ya es hora de que esto se reconozca…

Por eso creo que hemos de conseguir una financiación que no nos penalice de manera inmisericorde. No seamos más papistas que el Papa, más estoicos que el filósofo cordobés, aceptando con apatía una asfixiante realidad financiera que no diferencia lo superfluo de lo mollar.

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