En Honor a la verdad

Después de los sofocos estivales y ya en el comienzo del curso, quiero colgar esta entrada para que, al menos de esta forma, toda la comunidad universitaria pueda conocer mi postura, creo recordar que además está recogida en algún medio de comunicación, respecto al acuerdo del Consejo de Gobierno extraordinario en el que, salvados sean el voto de una estudiante y el mío, se acordó por abrumadora mayoría de los componentes de dicho órgano, que la campaña electoral de las últimas elecciones a Rector se desarrollase en unos escasos cinco días.

Debido a que, en uso de sus atribuciones, fui cesado como miembro del Consejo de Gobierno por el actual Rector, en la siguiente sesión del mismo, se aprobó un acta que no reflejaba la discusión habida al respecto de esta cuestión tan importante y, claro es, no pude enmendarla en tiempo y forma.

Aunque no supe, o pude, convencer a mis compañeros consejeros, y aunque tampoco lo pretenda ahora hacer con nadie, sí quiero, en honor a la verdad, que la comunidad universitaria sepa mis argumentos y las causas de mi voto en contra de ese mal acuerdo que tanto limitó esa campaña electoral, tan necesaria en el caso que nos ocupa. Los candidatos presentados, ambos prácticamente desconocidos por parte de la comunidad universitaria en general, así como unos resultados electorales casi igualados parecen darme la razón…

El tenor literal de mi intervención que envié para su inclusión en el correspondiente acta es el siguiente:

«El Profesor Vera Santos interviene, poniendo de manifiesto:

  1. Que, como Catedrático de Derecho constitucional que es, asegura que, desde una óptica general, toda normativa electoral se caracteriza por gozar de un carácter tuitivo, protector de los sujetos intervinientes en la confrontación electoral, tanto en relación a los candidatos como a los votantes.
  2. Que dicho principio es aplicable al caso que nos ocupa, las elecciones a Rector y, por supuesto, al calendario que se propone. Concretamente a los artículos 78 y 16 de los Estatutos y del Reglamento electoral, y a la interpretación de la frase «hasta quince días», índice máximo de las jornadas aplicables a la campaña electoral. Ello significa, considera, que el espíritu y la interpretación correcta de la normativa aludida debe entenderse que permite rebajar las jornadas máximas, pero que no puede hacerse de tal manera que casi se impida materialmente la campaña electoral, situación que se produce con la reducción de plazos que se propone para su aprobación por el Consejo de Gobierno.
  3. Que en circunstancias ordinarias en la Universidad Rey Juan Carlos, ese plazo de quince días aparece como adecuado para poder atender por parte de los posibles candidatos a cinco campus (Aranjuez, Alcorcón, Fuenlabrada, Móstoles y Vicálvaro) además de otras dos ubicaciones (Manuel Becerra y Ferraz) y, dentro de ellos, a los cuatro grupos a los que se refiere la normativa (A, B, C y D). Y no sólo se trata de proteger la igualdad de oportunidades de los candidatos; también de potenciar la necesaria información por parte de la comunidad universitaria de la Universidad Rey Juan Carlos sobre el programa y la persona que va a dirigirla.
  4. Que si ello es aplicable en circunstancias ordinarias, debido a la situación tan excepcional que estamos viviendo, tanto por ética como por estética, ese plazo de quince días debe ser tenido en cuenta, de tal manera que

Por todo lo anterior, solicito, para evitar una pésima imagen de la universidad y un desprecio a la comunidad universitaria, que se estudie la posibilidad de que la campaña electoral tenga una duración más cercana al máximo de quince días indicado por la normativa supracitada.»

Los argumentos anteriores no quiero que se utilicen en absoluto para deslegitimar el resultado electoral final, pero sigo defendiendo -muchas personas me lo han confirmado más tarde- que se trasladó una pésima imagen de una Universidad Rey Juan Carlos que no merecía ese trato; y lo que es peor, se procuró una raquítica capacidad de discernimiento a la hora de elegir a quien debería regir nuestros destinos durante los próximos cuatro años.

Quizás todo hubiera quedado más o menos igual, con unos resultados muy parejos, en una u otra dirección… Sí, pero con mayor legitimidad moral que, al menos para mí, es importante, tanto en la victoria como en la derrota. Y con el logro indiscutible de haber dotado de mayor capacidad crítica a toda la comunidad universitaria para elegir al mejor candidato, alejándose así de tantos y tan débiles eslóganes interesados; lejos de tantas injerencias externas en la vida ordinaria de la institución.

Una campaña electoral «un pelín» más adecuada, en fin, hubiera posibilitado, en primer lugar, un mayor acercamiento, un real conocimiento de la institución que pretendían gobernar, tanto del hoy Rector Javier Ramos como de la Profesora Berganza; además, y en segundo término, partiendo de la bisoñez de ambos candidatos en tareas de gestión, resultaba muy necesaria la campaña para destacar nuestra tan injusta como incomprensible financiación pública, cuestión esta con la que tenemos que lidiar con urgencia, desde ya, después del fracaso del tantas veces anunciado «espacio madrileño de educación superior», excelente excusa utilizada para evitar la cuestión.

Si no damos esta batalla, la de financiación, estamos llamados a ser, indefectiblemente, y por decisiones políticas, «la Cenicienta» de las Universidades públicas madrileñas y españolas. Y ello dependerá, en gran medida, de nuestra capacidad de negociación, de nuestra firmeza, sí, pero, sobre todo, de las del Rector Ramos recién elegido.

En este envite, en esta negociación que insto a comenzar ya, en esa firmeza que da saber que tenemos razón, como en cualquier otro empeño que sea en beneficio del interés general de la Universidad, debemos estar todos, al menos yo lo estoy, apoyando al Rector.

De ahí que unos días más de jornada electoral, de reflexión sobre esta y otras muchas cuestiones, no hubieran venido mal del todo ¿no crees?

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