De auctoritas y potestas

Como aprendí en mis primeros andares universitarios en el manual de Derecho Romano del Profesor Torrent, y ahora explico a mis estudiantes de Derecho constitucional, hay una diferenciación básica en la legitimación del poder, según se actúe con “auctoritas” o con “potestas”.

El primer concepto legitimaba la toma de decisiones de los dirigentes a partir de su valía personal, de la capacidad moral, de su “ser” y de su “saber”, ambos términos entendidos en su más amplia acepción. Evidentemente quien actuaba con tal autoridad se apoyaba en la fuerza moral que sus hechos y actos anteriores ratificaban.

La “potestas” por el contrario, se refiere a la capacidad legal para tomar decisiones. Vamos ¡soy el que manda porque así lo indica mi nombramiento en el BOE…! ¡Y voy a mandar!

Es evidente que la situación óptima radica en que ambas capacidades coincidan para que así el dirigente pueda mejorar la realidad convivencial… “Auctoritas” y “potestas”, por separado, son la base de diferentes tipos de liderazgo, explican ahora los “coachs”…

El líder que basa su mandato en la “potestas” lo hace a través del principio de jerarquía, diferenciador entre aquél que manda y el resto de los componentes de la organización, de todos los demás… Es el yo mando, establezco objetivos y tú los cumples. Además, este líder recuerda a sus subordinados que a) puede ayudarles, o b) puede castigarles… En ello basa su relación… Ya Maquiavelo, en el siglo XVI, aludía a que el Príncipe debería ser, sobre todo, temido, para evitar perder el poder, que se convierte, en este tipo de liderazgos, en un fin en sí mismo.

Por el contrario, el líder que lo es por su “auctoritas”, por su autoridad, no atiende únicamente a lo que le dicen otros “cargos”, sino que como basa su mandato en aptitudes y actitudes propias, valora muchísimo las de todos los demás miembros de la organización, motivándolos así para conseguir unos objetivos definidos, consensuados, comunicados, asumidos por todos.

No sé si coincidiréis conmigo en lo siguiente: 1) Quien goza de “auctoritas” y alcanza la “potestas”, asociación deseable en cualquier organización, puede convertirse en un excelente dirigente. 2)  Aquella persona que no goza de autoridad personal y alcanza el poder, puede, a lo sumo, ser un eficaz gestor “ad intra”, hacia el interior de la organización, ya que “ad extra”, para el resto de organismos, se encuentra “capitidisminuido”, no tiene capacidad de influencia, con lo que ello conlleva a la hora de reivindicar los intereses de la propia institución. 3) Quien goza de autoridad moral, sin necesidad de alcanzar el poder, siempre seguirá influyendo en el grupo, en la institución, quizás no ostentando “cargos”, pero sí con “la carga” moral de contribuir, con sus errores y aciertos, al bien común.

¡Quién tenga oídos para oír, que oiga…!

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