Por una financiación estable, pero sobre todo, justa

Como quizás recuerdas, la financiación de nuestra universidad ha sido ya objeto de análisis en esta página y en este blog. Pero, debido a la nueva situación que se vislumbra, creo que he de reflexionar de nuevo contigo sobre la misma. A ello voy.

El Anteproyecto de Ley del Espacio Madrileño de la Educación Superior, en su Título V (artículos 61 a 65) establece las diferentes vías de financiación que pretenden sustituir a las del anterior modelo, aludiendo a 1) financiación básica, 2) programa de inversiones, 3) contratos programa, y 4) convocatorias competitivas.

Son estas las «nuevas reglas del juego», los parámetros que influirán en el futuro en nuestra cotidianeidad universitaria. Pero hoy quiero detenerme en la Disposición Adicional Quinta de dicha norma, en la que se recoge que la financiación básica de las universidades, (es decir, el criterio esencial para el cumplimiento del servicio público universitario), vendrá referida, como mínimo, a la subvención nominativa y de inversiones de los años 2011 o 2017, según sea mejor para cada universidad.

A simple vista, parece correcta la decisión, ya que nos devuelve a los presupuestos «de antes de la crisis», a los de 2011. Y lo será para nosotros si dicha cuantía resulta corregida y adecuada a la nueva realidad que vivimos. Es decir, si se contempla como «mínimo» a partir del cual equilibrar los presupuestos de las universidades, según datos objetivos a 2017.

Vaya, que debe atenderse a la realidad, no a un pasado al que se pretende hacernos volver la mirada, como en el bíblico pasaje de la mujer de Lot; contemplación y fijación de un pasado que la Universidad Rey Juan Carlos ha superado con creces… Porque no quisimos, ni queremos ¿verdad? convertirnos en estatuas de sal…

Con los crudos datos se entiende mejor. Este año 2017, con la prórroga de los presupuestos de 2016, recibimos de nominativa 67,8 millones de euros; en 2011 nos correspondía por el mismo concepto 80 millones de euros…. Lógicamente nosotros optaremos por esta última cantidad ¿ver  dad? Por tanto, alguno puede entender que hemos ganado 13 millones de euros… y contentarse con ello.

Sí y no…  Veamos el porqué. Para ello te remito a las gráficas que a continuación aparecen. Son datos obtenidos exclusivamente de las web de las universidades, de la Comunidad de Madrid y del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte:

 

Respecto a la evolución sufrida en el número de estudiantes, poco hay que añadir: si en 2011 teníamos 29.882 alumnos, en 2016 eran ya 42.622 (en este curso alcanzaremos seguro los 45.000 al menos). Es decir, que nos encontramos ante un incremento de un 42,6% en el número de estudiantes entre 2011 y 2016, subida que será aún mayor si atendemos a la realidad de 2017.

En el PAS y en el PDI, las circunstancias han mandado y es que, a pesar del crecimiento de nuestra institución, todos hemos tenido que hacer un esfuerzo más que notable para continuar cumpliendo nuestras funciones, sin muchos más efectivos. De hecho, diría que ese esfuerzo nos ha situado en una situación absolutamente injusta en la que muchas cuestiones tienen una respuesta incómoda: ¿es que la misma cantidad de PDI y de PAS es la necesaria para atender a 30000 y a 45000 estudiantes, si comparamos las situaciones de 2011 y 2017 en la URJC? ¿Es que nuestros profesores necesitan menos tiempo para investigar? ¿Es que nuestros alumnos y nuestros profesores merecen grupos con más estudiantes? ¿Es que nuestro PAS debe asumir la gestión de una institución crecientemente compleja sin más ayuda?

Hasta aquí todo parece claro: tenemos más alumnos que atender (¡muchos más!), sin olvidar la docencia en otras dos sedes añadidas a las de 2011 (Aranjuez y Ferraz) ¡Y nos pueden pagar lo mismo que hace siete años!

Si nos fijamos en la tabla en la que se refleja la evolución de la transferencia nominativa a las universidades, notamos cómo utilizando su mejor opción, elegir entre 2011 y 2017, todas elegirán partir desde el presupuesto de 2011.

¿Y eso que supone? Si no se introduce la puesta al día de lo que se debe a nuestra universidad (es decir, se reconoce el esfuerzo realizado en docencia e investigación, el número de sexenios, la transferencia de conocimiento, el desarrollo de titulaciones bilingües y de doble grado o el notorio incremento del número de estudiantes al que damos servicio), lo que supone, ya lo puedes observar, no es otra cosa que la consolidación definitiva de la mayor de las desigualdades respecto a la Universidad Rey Juan Carlos ¡Quieren que nos casemos hoy con el traje de la Primera Comunión!

Al resto de universidades (que, como ya sabemos «estaban crecidas» en aquella fecha), sus pantalones, su financiación, con algún remiendo que otro, quizás les pueda valer, yo ahí no voy a entrar… Pero a la Universidad Rey Juan Carlos no… Esos 80 millones de euros para sufragar nuestra nominativa son insuficientes para competir en igualdad con nuestras homólogas madrileñas, españolas y europeas. Nunca nos será posible ponernos a su altura. Jamás.

La comparativa es ho-rro-ro-sa. Atendiendo a los datos actuales, fruto de la evolución sufrida, podemos concluir que, por ejemplo, la Universidad Autónoma de Madrid, con casi la mitad de los estudiantes que nosotros, 26.000, y mil profesores más, recibirá… ¡137 millones de euros! Sí, sí… más del 50% de nominativa que nosotros. Tienen que investigar mucho ¿no crees? para que se pueda justificar tamaña diferencia.

La Universidad de Alcalá de Henares, con menos profesorado y, sobre todo, con tres veces menos estudiantes que nosotros, 16.864,… recibirá de partida seis millones de euros más que la Universidad Rey Juan Carlos. Que alguien me lo explique, por lo menos a mí, porque no lo entiendo.

Y así puedo seguir… La Universidad Complutense ha perdido ocho mil estudiantes y casi cuatrocientos profesores desde 2011… y va a cobrar lo mismo que en 2011, es decir 341 millones de euros ¡cuatro veces más que nosotros!

Cinco millones de diferencia con nosotros tiene la Universidad Carlos III, con un número de profesores muy similar, pero con solo 17.885  estudiantes… En fin, la Universidad Politécnica, con tres veces más profesores y 35.044 discentes… casi 204 millones de euros.

A todas ellas se les respeta la cuantía de 2011 como mínimo, a pesar de que hayan perdido estudiantes o hayan jubilado profesores… Insisto, me alegro por ellas… Pero a nosotros se nos tiene que tener en cuenta el incremento de nuestros parámetros; la Comunidad de Madrid debe reconocernos, y estoy convencido que lo hará, el esfuerzo realizado.

Independientemente de procesos electorales, de filias y de fobias, de apreciaciones personales, esta cuestión creo que debe unirnos a todos. Debemos, pues, presentar estos datos ante la Consejería de Educación, aunque estoy seguro que ya los conoce, para que ese punto de partida tan acertado, el presupuesto de 2011, no suponga de facto, certificar una desigualdad que condena de manera irrevocable a la Universidad Rey Juan Carlos a seguir siendo la peor financiada de España, con el desprecio que eso supone hacia nuestros estudiantes, a los cuales nos debemos ¿o es que son de segunda división?, hacia nuestro personal de administración y hacia nosotros, los profesores e investigadores de esta casa.

Se ha dado un paso muy relevante, de verdad lo creo, para asegurar la estabilidad en la financiación; ahora debemos hacer ver a la Administración regional que la financiación, además de estable, debe ser justa.

En el caso de la Universidad Rey Juan Carlos, si no se atiende a los parámetros actuales, este falso incremento podía convertirse en la losa definitiva que sepultase nuestra capacidad de competir en igualdad con el resto de universidades, como he dicho antes y creo haber demostrado con datos.

No pido ni un euro de más; pero quiero que nos reconozcan lo que, en justicia, nos merecemos. Y estoy seguro que, explicándolo, vamos a conseguirlo.

En Honor a la verdad

Después de los sofocos estivales y ya en el comienzo del curso, quiero colgar esta entrada para que, al menos de esta forma, toda la comunidad universitaria pueda conocer mi postura, creo recordar que además está recogida en algún medio de comunicación, respecto al acuerdo del Consejo de Gobierno extraordinario en el que, salvados sean el voto de una estudiante y el mío, se acordó por abrumadora mayoría de los componentes de dicho órgano, que la campaña electoral de las últimas elecciones a Rector se desarrollase en unos escasos cinco días.

Debido a que, en uso de sus atribuciones, fui cesado como miembro del Consejo de Gobierno por el actual Rector, en la siguiente sesión del mismo, se aprobó un acta que no reflejaba la discusión habida al respecto de esta cuestión tan importante y, claro es, no pude enmendarla en tiempo y forma.

Aunque no supe, o pude, convencer a mis compañeros consejeros, y aunque tampoco lo pretenda ahora hacer con nadie, sí quiero, en honor a la verdad, que la comunidad universitaria sepa mis argumentos y las causas de mi voto en contra de ese mal acuerdo que tanto limitó esa campaña electoral, tan necesaria en el caso que nos ocupa. Los candidatos presentados, ambos prácticamente desconocidos por parte de la comunidad universitaria en general, así como unos resultados electorales casi igualados parecen darme la razón…

El tenor literal de mi intervención que envié para su inclusión en el correspondiente acta es el siguiente:

«El Profesor Vera Santos interviene, poniendo de manifiesto:

  1. Que, como Catedrático de Derecho constitucional que es, asegura que, desde una óptica general, toda normativa electoral se caracteriza por gozar de un carácter tuitivo, protector de los sujetos intervinientes en la confrontación electoral, tanto en relación a los candidatos como a los votantes.
  2. Que dicho principio es aplicable al caso que nos ocupa, las elecciones a Rector y, por supuesto, al calendario que se propone. Concretamente a los artículos 78 y 16 de los Estatutos y del Reglamento electoral, y a la interpretación de la frase «hasta quince días», índice máximo de las jornadas aplicables a la campaña electoral. Ello significa, considera, que el espíritu y la interpretación correcta de la normativa aludida debe entenderse que permite rebajar las jornadas máximas, pero que no puede hacerse de tal manera que casi se impida materialmente la campaña electoral, situación que se produce con la reducción de plazos que se propone para su aprobación por el Consejo de Gobierno.
  3. Que en circunstancias ordinarias en la Universidad Rey Juan Carlos, ese plazo de quince días aparece como adecuado para poder atender por parte de los posibles candidatos a cinco campus (Aranjuez, Alcorcón, Fuenlabrada, Móstoles y Vicálvaro) además de otras dos ubicaciones (Manuel Becerra y Ferraz) y, dentro de ellos, a los cuatro grupos a los que se refiere la normativa (A, B, C y D). Y no sólo se trata de proteger la igualdad de oportunidades de los candidatos; también de potenciar la necesaria información por parte de la comunidad universitaria de la Universidad Rey Juan Carlos sobre el programa y la persona que va a dirigirla.
  4. Que si ello es aplicable en circunstancias ordinarias, debido a la situación tan excepcional que estamos viviendo, tanto por ética como por estética, ese plazo de quince días debe ser tenido en cuenta, de tal manera que

Por todo lo anterior, solicito, para evitar una pésima imagen de la universidad y un desprecio a la comunidad universitaria, que se estudie la posibilidad de que la campaña electoral tenga una duración más cercana al máximo de quince días indicado por la normativa supracitada.»

Los argumentos anteriores no quiero que se utilicen en absoluto para deslegitimar el resultado electoral final, pero sigo defendiendo -muchas personas me lo han confirmado más tarde- que se trasladó una pésima imagen de una Universidad Rey Juan Carlos que no merecía ese trato; y lo que es peor, se procuró una raquítica capacidad de discernimiento a la hora de elegir a quien debería regir nuestros destinos durante los próximos cuatro años.

Quizás todo hubiera quedado más o menos igual, con unos resultados muy parejos, en una u otra dirección… Sí, pero con mayor legitimidad moral que, al menos para mí, es importante, tanto en la victoria como en la derrota. Y con el logro indiscutible de haber dotado de mayor capacidad crítica a toda la comunidad universitaria para elegir al mejor candidato, alejándose así de tantos y tan débiles eslóganes interesados; lejos de tantas injerencias externas en la vida ordinaria de la institución.

Una campaña electoral «un pelín» más adecuada, en fin, hubiera posibilitado, en primer lugar, un mayor acercamiento, un real conocimiento de la institución que pretendían gobernar, tanto del hoy Rector Javier Ramos como de la Profesora Berganza; además, y en segundo término, partiendo de la bisoñez de ambos candidatos en tareas de gestión, resultaba muy necesaria la campaña para destacar nuestra tan injusta como incomprensible financiación pública, cuestión esta con la que tenemos que lidiar con urgencia, desde ya, después del fracaso del tantas veces anunciado «espacio madrileño de educación superior», excelente excusa utilizada para evitar la cuestión.

Si no damos esta batalla, la de financiación, estamos llamados a ser, indefectiblemente, y por decisiones políticas, «la Cenicienta» de las Universidades públicas madrileñas y españolas. Y ello dependerá, en gran medida, de nuestra capacidad de negociación, de nuestra firmeza, sí, pero, sobre todo, de las del Rector Ramos recién elegido.

En este envite, en esta negociación que insto a comenzar ya, en esa firmeza que da saber que tenemos razón, como en cualquier otro empeño que sea en beneficio del interés general de la Universidad, debemos estar todos, al menos yo lo estoy, apoyando al Rector.

De ahí que unos días más de jornada electoral, de reflexión sobre esta y otras muchas cuestiones, no hubieran venido mal del todo ¿no crees?

¿Has visto el nuevo post del blog?

Ante un nuevo paso de las musas al teatro

CERRAR
Mejora la URJC