El personal administrativo y de servicios, o de la argamasa necesaria que sostiene la universidad

Pues sí, nuestro personal de administración supone la osamenta que sustenta la docencia y la investigación; son las personas que permiten que desarrollemos nuestras funciones como profesores con normalidad, que facilitan la discencia a nuestros estudiantes. Eso sí, casi siempre de manera callada… pero, como sabes, no siempre el que más grita, aquel al que más se le ve, es el único protagonista.

Para poder afrontar este nuevo período, que se presume arduo, necesitamos una plantilla motivada, capacitada y organizada adecuadamente. No es un tema baladí y requiere el esfuerzo de todos sus integrantes. Pues bien ¿qué pediría al nuevo Rector, al nuevo equipo gestor de nuestra Universidad? Cuestiones muy simples, algunas, y creo que necesarias. A saber:

Debe aprobarse ya una verdadera Relación de Puestos de Trabajo, negociada con los sindicatos, y de referencia plurianual. En ella se definirían los puestos de trabajo, unificando los criterios y requisitos de cada puesto y sus funciones, con una estimación global del coste en los próximos cuatro años y una planificación anual que debe cumplirse.  Para hacerlo como se debe, previamente creo que hay que hacer un estudio de la estructura de los distintos servicios universitarios actuales, con su correspondiente valoración de carga de trabajo de los puestos existentes en cada uno de ellos. También deben tenerse en cuenta las necesidades de personal en cada centro, departamento o servicio para determinar aquellos que se encuentran saturados y aumentar o redistribuir los recursos humanos disponibles. Sentido común…

Han de implantarse igualmente nuevos métodos de organización  y procedimientos de gestión teniendo en cuenta las sugerencias de las personas que actualmente los llevan a cabo con el fin de agilizar dichos procedimientos, eliminando duplicidades  y favoreciendo la interactuación con otros servicios para la simplificación y efectividad de los mismos. Sencillo, ¿no? Y sobre todo eficaz. Se trata de escuchar al que sabe del tema…

La estabilización, promoción y el rejuvenecimiento de la plantilla deben ser principios a mantener a la hora de poder ofrecer una futura Oferta de Empleo Público, intentando agilizar los procesos de cobertura de las vacantes producidas en los últimos años, procurando la estabilidad del personal interino y temporal.

Si en otro post he aludido a la necesaria formación del profesorado, en el ámbito de nuestro personal administrativo creo también absolutamente necesario la planificación anual o plurianual de un Plan de Formación y Desarrollo Profesional, negociado con los distintos servicios y organizaciones sindicales, pero con un sistema real de itinerarios formativos que potencien la carrera profesional, siendo imprescindible incluir en él la internacionalización, el conocimiento real de idiomas. En dicho plan trataremos de incentivar la formación del personal mediante cursos directamente relacionados con el trabajo que desempeña o pretende desempeñar, evitando que tengan lugar en los períodos de mayor carga de trabajo. Así avanzaremos todos juntos en la capacitación del personal en la administración electrónica mediante cursos de formación específicos.

También creo necesario crear un Comité de conciliación para gestionar traslados, cambios de turnos, en general, para facilitar el encaje de la vida familiar y laboral con objeto de mejorar las condiciones de trabajo y obtener mayor nivel de motivación y productividad. Y no olvido aludir a la flexibilidad horaria para favorecer la conciliación laboral y familiar. Es más, deberíamos apostar por el teletrabajo como una medida más de conciliación.

En fin… Que nuestros compañeros que trabajan en la administración y servicios de nuestra universidad, a muchos de los cuales conozco, deben sentirse protagonistas de su futuro. Y deben sentirse importantes ¿sabéis por qué? Porque lo son… Y todas las personas del PAS con las que he tenido el honor de trabajar directamente saben que digo lo que siento…

Los profesores somos los verdaderos protagonistas

Pues sí, no me cuesta decirlo. Si en cualquier universidad la calidad personal y académica de su plantilla de profesores e investigadores definen la misma, en el caso de la Universidad Rey Juan Carlos es mucho más evidente. Somos nosotros los que sufrimos en nuestras tareas docentes e investigadoras las nefastas consecuencias de una muy mala financiación y, también hay que entonar el “mea culpa”, una gestión interna más decidida a creer en números que en personas; más decidida a incrementar titulaciones o estudiantes, que en mejorar las condiciones y atender a las lógicas necesidades de los que, cada día, nos desvivimos por una docencia y una investigación de calidad ¡Somos nosotros, los profesores, quienes estamos manteniendo el excelente nivel de nuestra Universidad en estos tiempos tan convulsos! 

Todo ello debe acabar. Bajo la premisa de una mejor gestión de recursos y del mantenimiento y mejora de la plantilla hay que “cambiar el chip”. Lanzo algunas ideas, derivadas de los interrogantes que planteaba en esta web…

Si realmente queremos establecer un compromiso con la excelencia docente, tenemos que tratar de motivar al profesorado y no simplemente quedarnos en medidas netamente morales. En este sentido, es cierto que el Programa Docentia de nuestra universidad se encuentra en un estado de implantación muy avanzado pero las consecuencias desde un punto de vista de compensación no son claras y deberían serlo también en términos académicos y económicos.

Y yo sigo con mi tema, como Umbral con su famoso libro en la entrevista con Mercedes Milá, si se me permite la expresión… No puedo obviar que la naturaleza multicampus de nuestra Universidad, aunque permite cumplir los objetivos de servicio público en lo que se refiere a la docencia, también implica un reto y, evidentemente, un esfuerzo para nuestros profesores, que terminan teniendo que desplazarse de una manera abusiva, con las consecuentes desventajas que ello supone para los estudiantes, sí, pero sobre todo para nosotros mismos, en términos de calidad docente y de posibilidades de investigación. Insisto en que hay que redefinir el criterio de implantación de Unidades Docentes Delegadas,  además de facilitar las condiciones para que los docentes desplazados encuentren la infraestructura necesaria para llevar a cabo sus funciones, así como compensarles económica y/o académicamente.

En cuanto a los Trabajos Fin de Grado, tanto profesores como estudiantes se ven inmersos en un proceso complejo, en gran medida porque el reconocimiento académico y económico actual de esta tarea es netamente insuficiente. Este hecho requiere de medidas urgentes y estables, más allá de la remuneración “extraordinaria” que en el último año se ha realizado por esta tarea.

La investigación constituye en la actualidad la piedra angular en la evaluación nacional e internacional de las instituciones universitarias y, lo que es más relevante, permite con su transferencia, hacer una sociedad más libre, más igual…, lograr una sociedad mejor. Debemos motivar a nuestros profesores a realizar contribuciones científicas de impacto que sitúen a la Universidad Rey Juan Carlos en posiciones de privilegio en esos rankings.

Los incentivos a la investigación realizados por el actual equipo de gobierno han supuesto un esfuerzo en el que debemos insistir e incluso ampliar. Pero parece evidente que debemos dar un salto de calidad y un cambio en la gestión, en las ideas reinantes. Para ello, aparte de evaluar los resultados finales, también creo que hay que incorporar medios materiales y personales que puedan contribuir a la mejora de la labor investigadora, amén de rebajar carga burocrática a los profesores. En este sentido, resulta interesante la puesta en marcha de programas de captación de talento que permitan que investigadores de reconocido prestigio puedan dinamizar la actividad en aquellas áreas en las que la investigación se encuentre más ralentizada. De un talento, sí, que incluso pueda venir de nuestros mejores estudiantes. De un talento, sí que muchas veces permanece oculto ante las trabas burocráticas… Esto hay que cambiarlo, dinamizando la relación investigador-administración, incluso contratando empresas especialistas en gestión de proyectos que faciliten el trabajo del investigador, que es investigar y no rellenar papeles, sirviéndonos de apoyo a cambio, por ejemplo, de un porcentaje sobre el proyecto conseguido, por la incorporación de uno de nuestros profesores a un proyecto ya en marcha, etc… Estoy seguro que esta idea, en el ámbito de las ciencias menos experimentales, sería muy bienvenida. Vamos ¡a mí me vendría fenomenal!… Reconozco mi nefasto manejo de las cuestiones burocráticas… En fin…

No me olvido de la innovación ni del esfuerzo que realizamos en el ámbito de la enseñanza semipresencial y de la enseñanza en inglés… ¡Faltaría más! A la vista del panorama nacional e internacional, nuestra universidad debe perseverar en el esfuerzo realizado. Sin embargo, esa apuesta debe ir refrendada por una inversión y un reconocimiento del esfuerzo realizado por los docentes que son los que verdaderamente asumen el coste. En este terreno, tanto la innovación, la formación, en nuevas tecnologías y en idiomas, como el reconocimiento económico y/o académico deben suponer los pilares que permitan impulsar nuestro desarrollo en este ámbito.

Las labores de gestión también deben ser objeto de una adecuada compensación. Los profesores que voluntariamente deciden invertir una parte de su carrera en la dirección del rumbo de nuestra universidad deben ser compensados en la misma medida que lo son en otras universidades. Estas actividades, si son desarrolladas con el rigor y la dedicación que merecen, absorben una parte muy importante de la jornada laboral, con el consecuente menoscabo de las otras tareas. En los últimos años, la política de la casa ha sido la reducción de estas compensaciones, dando lugar nuevamente a la desmotivación para asumir estos puestos.

Entre todos, hemos hecho un esfuerzo, un gran esfuerzo… Los profesores de la Universidad Rey Juan Carlos hemos cargado sobre nuestros hombros la responsabilidad de enseñar, de investigar, de innovar, de gestionar… en unos momentos muy complicados…

No te canso más… Creo que ya es hora de que se reconozca nuestra tarea. Es hora ya de hablar de personas; de nosotros, de ti y de mí… Nos lo merecemos.

Nuestros estudiantes, lo primero…

Así lo creo, y por eso comienzo esta serie de escritos sobre medidas concretas que afectan a los diferentes colectivos que componen esta gran familia que es la Universidad Rey Juan Carlos. Sin mayores alharacas, voy a ello, no sin antes destacar que, en gran número, otras medidas que propondré, referidas a  profesores o personal administrativo y de servicios, afectan a los discentes.

Creo que todos aquellos estudiantes que quieran cursar un grado o un posgrado en la Universidad Rey Juan Carlos, y que reúnan los requisitos académicos, deben poder hacerlo. Por tanto, además, por supuesto, de perseverar en el programa de becas para estudiantes que se enfrenten a situaciones sobrevenidas, debe estudiarse la posibilidad de una bajada en las tasas académicas.

También considero que debemos apostar no tanto por más estudiantes, sino por tener a los mejores. De ahí que habría de plantearse la creación de un programa de becas, incluso una exención permanente de tasas académicas para estudiantes de alto rendimiento, que permita incorporar aún más talento a nuestras aulas.

Debemos implantar medios que permitan a nuestros alumnos y alumnas acercarse y comentarnos no sólo sus problemas sino sus proyectos y deseos. Esta es su universidad y tienen que implicarse en ella. Quieren hacerlo y debemos facilitar el proceso. Es necesario a tal fin, crear una Oficina de Atención al Estudiante, con presencia en cada campus, implicando a los mismos en su gestión. Así no sólo la administración universitaria conocerá de primera mano las cuestiones a mejorar en la docencia, por ejemplo, acabando con malas praxis que algunos realizan con impunidad y que nos salpican a todos los profesores y personal de administración; también lograremos una mayor implicación de los alumnos en la vida lúdica, cultural y deportiva de nuestra universidad.

Hablamos mucho de emprendimiento… Gestionamos varios viveros… ¿En qué lo notan nuestros estudiantes? Abogo por establecer unas mejores líneas de colaboración que permitan a aquellos alumnos que quieran lanzarse a la aventura empresarial, que deseen “ganarse la vida”, tener el apoyo institucional que se merecen; el apoyo de “su casa”. Es más, creo que nuestra Universidad debe reservar unos fondos para, previo estudio de las mejores ideas, asociarse con nuestros emprendedores.

El paso de un estudiante por la Universidad Rey Juan Carlos no debe ser efímero. Debemos ofrecerles un lugar al que volver, en el que encontrar servicios que les sigan vinculando a nosotros. Ha de crearse una verdadera Oficina de Atención al Egresado, vinculando a los mismos a nuestra realidad universitaria de manera permanente, creando con ello un sentido de permanencia, de orgullo, que hoy día no visibilizamos. Es un ejercicio de responsabilidad por parte de la Universidad que, sin duda, dará frutos en el corto, medio y largo plazo.

Aparte de, por supuesto, buscar mejores acuerdos con empresas, mejores prácticas, mejores posibilidades de formación en el posgrado, creo que el reconocimiento de créditos debe abrirse y no predefinir 5 de los 6 con antelación. Con ello se potencia la colaboración de las asociaciones estudiantiles que pueden proponer actividades y se beneficia su autofinanciación.

En fin, creo sinceramente que hablamos mucho de nuestros estudiantes pero que, algunos, sólo se acuerdan de ellos cuando llegan las elecciones, utilizándolos como “arma electoral”. A todos ellos les recuerdo que los estudiantes son nuestra razón de ser. Todos los estudiantes, incluso los que no comulgan con nuestras ideas. Todos los estudiantes… Hoy, sí, y el 16 de febrero, también.

Insisto, dos debates conjuntos… contratos éticos… y ¡nada de subvenciones electorales!

Quiero pensar que el debate académico protagonizará una campaña electoral que transcurrirá con la necesaria educación y respeto que la inmensa mayoría merecemos. Una educación y un respeto que sirvan de acicate para que la crítica y la discusión primera dejen paso, después, a posturas conciliadoras.

Y digo esto porque creo que las respuestas a los interrogantes sobre el presente y futuro de nuestra Universidad resultan evidentes para todo aquél que realice un estudio sereno y riguroso. Nuestra nefasta financiación pública conlleva unas condiciones manifiestamente mejorables, por no decir paupérrimas, en la docencia y la investigación, algo que, pese al esfuerzo de los profesores, repercute en nuestros estudiantes. Hay, pues, que hacer hincapié en esta cuestión económica para posteriormente a) racionalizar la docencia de nuestros profesores (insisto en alcanzar una nueva definición de nuestras Unidades Docentes Delegadas como ya he comentado, mejorando con ello nuestras condiciones de trabajo, especialmente en el caso de los docentes adscritos a las Facultades de Ciencias de la Comunición y de Ciencias Jurídicas y Sociales; igualmente b) definir un nuevo rumbo en la investigación que nos lleve a mejorar nuestro posicionamiento nacional e internacional, sí, pero también nuestra transferencia de resultados a la sociedad, es decir, potenciar “la venta” del trabajo de nuestros excelentes investigadores.

Para lograr el paso de la disputa al acuerdo, a la conciliación, creo absolutamente necesario que los candidatos, de manera voluntaria, acuerden celebrar actos conjuntos para exponer sus ideas. Al menos uno al comienzo de la campaña y otro al finalizar los tan exiguos cinco días de la misma. Estoy seguro de que gran parte de los contenidos programáticos coincidirán y, también estoy seguro de ello, los mismos candidatos asumirán ideas del contrario como propias, como positivas para nuestra comunidad. Lo contrario sería impensable en una sociedad civilizada como creo que es la nuestra.

No quiero extenderme más… Sigo creyendo que cualquiera de los candidatos debería firmar un “contrato” con la comunidad universitaria en los términos que ya he expuesto y que conoces, en aras de la transparencia, la responsabilidad, la regeneración democrática, y del sentido común, el menos común de los sentidos, que también debería contar…

Y, desde luego, los candidatos, por ética y por estética, deberían renunciar públicamente a recibir, no ya hasta 5000 euros para sufragar gastos electorales… Deberían renunciar a recibir un solo euro. La campaña se puede y debe hacer, con esfuerzo, seguro, pero sin incurrir en ningún tipo de gasto, al menos que tengamos que sufragar entre todos.

PS. Y tengamos dos dedos de frente. Perseguir ideas, aparte de conculcar el derecho de libertad de expresión, es un error político. Mucho más si nos referimos a estudiantes…

¡Qué país, qué paisaje… y qué paisanaje! en palabras del ermitaño Rector Unamuno.

De auctoritas y potestas

Como aprendí en mis primeros andares universitarios en el manual de Derecho Romano del Profesor Torrent, y ahora explico a mis estudiantes de Derecho constitucional, hay una diferenciación básica en la legitimación del poder, según se actúe con “auctoritas” o con “potestas”.

El primer concepto legitimaba la toma de decisiones de los dirigentes a partir de su valía personal, de la capacidad moral, de su “ser” y de su “saber”, ambos términos entendidos en su más amplia acepción. Evidentemente quien actuaba con tal autoridad se apoyaba en la fuerza moral que sus hechos y actos anteriores ratificaban.

La “potestas” por el contrario, se refiere a la capacidad legal para tomar decisiones. Vamos ¡soy el que manda porque así lo indica mi nombramiento en el BOE…! ¡Y voy a mandar!

Es evidente que la situación óptima radica en que ambas capacidades coincidan para que así el dirigente pueda mejorar la realidad convivencial… “Auctoritas” y “potestas”, por separado, son la base de diferentes tipos de liderazgo, explican ahora los “coachs”…

El líder que basa su mandato en la “potestas” lo hace a través del principio de jerarquía, diferenciador entre aquél que manda y el resto de los componentes de la organización, de todos los demás… Es el yo mando, establezco objetivos y tú los cumples. Además, este líder recuerda a sus subordinados que a) puede ayudarles, o b) puede castigarles… En ello basa su relación… Ya Maquiavelo, en el siglo XVI, aludía a que el Príncipe debería ser, sobre todo, temido, para evitar perder el poder, que se convierte, en este tipo de liderazgos, en un fin en sí mismo.

Por el contrario, el líder que lo es por su “auctoritas”, por su autoridad, no atiende únicamente a lo que le dicen otros “cargos”, sino que como basa su mandato en aptitudes y actitudes propias, valora muchísimo las de todos los demás miembros de la organización, motivándolos así para conseguir unos objetivos definidos, consensuados, comunicados, asumidos por todos.

No sé si coincidiréis conmigo en lo siguiente: 1) Quien goza de “auctoritas” y alcanza la “potestas”, asociación deseable en cualquier organización, puede convertirse en un excelente dirigente. 2)  Aquella persona que no goza de autoridad personal y alcanza el poder, puede, a lo sumo, ser un eficaz gestor “ad intra”, hacia el interior de la organización, ya que “ad extra”, para el resto de organismos, se encuentra “capitidisminuido”, no tiene capacidad de influencia, con lo que ello conlleva a la hora de reivindicar los intereses de la propia institución. 3) Quien goza de autoridad moral, sin necesidad de alcanzar el poder, siempre seguirá influyendo en el grupo, en la institución, quizás no ostentando “cargos”, pero sí con “la carga” moral de contribuir, con sus errores y aciertos, al bien común.

¡Quién tenga oídos para oír, que oiga…!

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