Ante un nuevo paso de las musas al teatro

Hace unos meses, en plena crisis de imagen y de valores de nuestra Universidad, me vi en la obligación moral de comenzar a escribir y compartir con vosotros mis reflexiones sobre la que considero mi casa y la tuya. Esta tarea la inicié preocupado, no te voy a engañar, por aquellos tristes acontecimientos pero, sobre todo, porque creía y creo que los años han ido pasando y nuestra institución necesita un nuevo impulso y una nueva forma de dirección.

Todos conocemos, muchos de nosotros muy de cerca, las impresionantes cifras que han jalonado nuestro camino en los últimos años y que nos llevan a ser una referencia en muchos terrenos del panorama universitario nacional. Este crecimiento que hemos experimentado, con el esfuerzo de todos, supone un nítido motivo de orgullo, pero también un importante reto que no podemos dejar de afrontar con la mayor celeridad posible.

Este desafío lo es más porque, como ya he mostrado en otras ocasiones con la crudeza de las cifras, las instituciones que deben dar soporte a tan magnífico crecimiento no han equiparado nuestro esfuerzo al suyo, aunque estoy convencido que, más pronto que tarde, lo harán.

Con la mirada puesta en el futuro, de un futuro que contemplo con ilusión, con ganas de contribuir a la mejora de nuestro proyecto, en la medida de mis posibilidades, quiero anunciarte a través de estas líneas que acabo de presentar mi candidatura a Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Parafraseando a Lope de Vega, voy a pasar, de nuevo, «de las musas al teatro», de la teorización a la acción, aunque creo que no cabe la segunda sin la necesaria fundamentación en la primera. Si la Junta de Facultad así lo decide, el día 15 de noviembre quiero ser tu Decano. Para afrontar con éxito este tan importante puesto, cuento con la experiencia en gestión que he ido atesorando a lo largo de mis veinticinco años de carrera académica. Durante este tiempo he desempeñado diversos cargos, en diferentes áreas (estudiantes, centros, extensión universitaria), sin olvidar nunca «mis primeros pasos» en gestión universitaria que, como muchos conocéis, comenzaron en el Centro «Ramón Carande». En todos estos años he conformando equipos diversos, integrando constantemente sensibilidades y personas, actuando siempre con absoluta independencia de criterio. Siempre he cumplido con mis obligaciones docentes, tratando de estar presente en las nuevas iniciativas que se han ido poniendo en marcha en este terreno. Y, por supuesto, he realizado contribuciones originales en mi área de conocimiento, teniendo reconocidos los tramos de investigación que me ha sido posible solicitar. Todo ello creo, sinceramente, que avala mi capacidad para desempeñar una misión que, sin duda, no es sencilla.

Además, a lo largo de estos en estos meses he estado hablando con muchos de vosotros a raíz de esas reflexiones que he compartido y que vosotros también me habéis hecho llegar. Esas conversaciones me han servido para completar mi punto de vista con el vuestro e ir conformando una visión que querría trasladar a nuestra casa, a nuestra Facultad, a nuestra Universidad. Como la coherencia siempre ha sido para mí un valor esencial, quiero volver a insistir en siete principios que considero necesarios para que nuestro proyecto llegue a buen fin:

Participación. Sin ninguna duda, el activo más valioso de una Universidad son las personas que la componen. De su bienestar depende el buen funcionamiento de la institución. Creo que la participación de la comunidad universitaria, estudiantes, profesores y personal de administración y servicios, puede contribuir tanto a la identificación de todos con un proyecto común como a la mejora de nuestra Facultad.

Respeto. Desde su creación, la Universidad Rey Juan Carlos se ha caracterizado por integrar personas y actividades con marcadas diferencias. En esa diversidad hemos encontrado un gran potencial de avance pero también de conflicto. Debemos resolverlo y apostar por el respeto por las diferencias de todo tipo, por el derecho a ser diferente, a aportar de formas distintas sin que eso suponga exclusión alguna.

Planificación. Hace meses reivindiqué que necesitábamos con urgencia realizar un análisis estratégico. En aquel entonces, os recordaba que Séneca decía que “no hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va”. Parece que el Rector Ramos ha decidido seguir esta línea y me parece interesante pero, al mismo tiempo, creo que es fundamental participar activa y decididamente en esta planificación.

Transparencia y comunicación. Debemos mostrar nítidamente cuál es nuestro plan y por qué lo desarrollamos. Además, la comunidad universitaria debe conocerlo, si así lo desea, y debe tener conciencia de cuál es su papel en la consecución de esos objetivos.

Coherencia. Con el proyecto, con las personas y con los objetivos que se establezcan. Nuestra Facultad está inserta, como una parte esencial, en la Universidad Rey Juan Carlos y debe contribuir al desarrollo del proyecto común, ocupando el lugar absolutamente protagonista que le corresponde.

Sostenibilidad. No sólo económica, pero también económica. Debemos ser una institución que vele por el conocimiento, por el saber en su acepción más amplia, sí, pero también económica, social y medioambientalmente sostenible.

Responsabilidad. Debemos ser una institución socialmente responsable, con todo lo que ello implica. Nuestro carácter público nos lo exige.

Esta es la base del proyecto que quiero desarrollar. Un proyecto sólido, de futuro, comprometido con nuestra Facultad y, por ende, con la Universidad. Creo firmemente que somos una gran institución, con un potencial incalculable, que necesita de un impulso nuevo que ayude a poner en valor todo el trabajo que se ha realizado y que se realiza. Estoy preparado para dar ese impulso y quiero contar contigo. ¿Andamos juntos este camino?

Por una financiación estable, pero sobre todo, justa

Como quizás recuerdas, la financiación de nuestra universidad ha sido ya objeto de análisis en esta página y en este blog. Pero, debido a la nueva situación que se vislumbra, creo que he de reflexionar de nuevo contigo sobre la misma. A ello voy.

El Anteproyecto de Ley del Espacio Madrileño de la Educación Superior, en su Título V (artículos 61 a 65) establece las diferentes vías de financiación que pretenden sustituir a las del anterior modelo, aludiendo a 1) financiación básica, 2) programa de inversiones, 3) contratos programa, y 4) convocatorias competitivas.

Son estas las «nuevas reglas del juego», los parámetros que influirán en el futuro en nuestra cotidianeidad universitaria. Pero hoy quiero detenerme en la Disposición Adicional Quinta de dicha norma, en la que se recoge que la financiación básica de las universidades, (es decir, el criterio esencial para el cumplimiento del servicio público universitario), vendrá referida, como mínimo, a la subvención nominativa y de inversiones de los años 2011 o 2017, según sea mejor para cada universidad.

A simple vista, parece correcta la decisión, ya que nos devuelve a los presupuestos «de antes de la crisis», a los de 2011. Y lo será para nosotros si dicha cuantía resulta corregida y adecuada a la nueva realidad que vivimos. Es decir, si se contempla como «mínimo» a partir del cual equilibrar los presupuestos de las universidades, según datos objetivos a 2017.

Vaya, que debe atenderse a la realidad, no a un pasado al que se pretende hacernos volver la mirada, como en el bíblico pasaje de la mujer de Lot; contemplación y fijación de un pasado que la Universidad Rey Juan Carlos ha superado con creces… Porque no quisimos, ni queremos ¿verdad? convertirnos en estatuas de sal…

Con los crudos datos se entiende mejor. Este año 2017, con la prórroga de los presupuestos de 2016, recibimos de nominativa 67,8 millones de euros; en 2011 nos correspondía por el mismo concepto 80 millones de euros…. Lógicamente nosotros optaremos por esta última cantidad ¿ver  dad? Por tanto, alguno puede entender que hemos ganado 13 millones de euros… y contentarse con ello.

Sí y no…  Veamos el porqué. Para ello te remito a las gráficas que a continuación aparecen. Son datos obtenidos exclusivamente de las web de las universidades, de la Comunidad de Madrid y del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte:

 

Respecto a la evolución sufrida en el número de estudiantes, poco hay que añadir: si en 2011 teníamos 29.882 alumnos, en 2016 eran ya 42.622 (en este curso alcanzaremos seguro los 45.000 al menos). Es decir, que nos encontramos ante un incremento de un 42,6% en el número de estudiantes entre 2011 y 2016, subida que será aún mayor si atendemos a la realidad de 2017.

En el PAS y en el PDI, las circunstancias han mandado y es que, a pesar del crecimiento de nuestra institución, todos hemos tenido que hacer un esfuerzo más que notable para continuar cumpliendo nuestras funciones, sin muchos más efectivos. De hecho, diría que ese esfuerzo nos ha situado en una situación absolutamente injusta en la que muchas cuestiones tienen una respuesta incómoda: ¿es que la misma cantidad de PDI y de PAS es la necesaria para atender a 30000 y a 45000 estudiantes, si comparamos las situaciones de 2011 y 2017 en la URJC? ¿Es que nuestros profesores necesitan menos tiempo para investigar? ¿Es que nuestros alumnos y nuestros profesores merecen grupos con más estudiantes? ¿Es que nuestro PAS debe asumir la gestión de una institución crecientemente compleja sin más ayuda?

Hasta aquí todo parece claro: tenemos más alumnos que atender (¡muchos más!), sin olvidar la docencia en otras dos sedes añadidas a las de 2011 (Aranjuez y Ferraz) ¡Y nos pueden pagar lo mismo que hace siete años!

Si nos fijamos en la tabla en la que se refleja la evolución de la transferencia nominativa a las universidades, notamos cómo utilizando su mejor opción, elegir entre 2011 y 2017, todas elegirán partir desde el presupuesto de 2011.

¿Y eso que supone? Si no se introduce la puesta al día de lo que se debe a nuestra universidad (es decir, se reconoce el esfuerzo realizado en docencia e investigación, el número de sexenios, la transferencia de conocimiento, el desarrollo de titulaciones bilingües y de doble grado o el notorio incremento del número de estudiantes al que damos servicio), lo que supone, ya lo puedes observar, no es otra cosa que la consolidación definitiva de la mayor de las desigualdades respecto a la Universidad Rey Juan Carlos ¡Quieren que nos casemos hoy con el traje de la Primera Comunión!

Al resto de universidades (que, como ya sabemos «estaban crecidas» en aquella fecha), sus pantalones, su financiación, con algún remiendo que otro, quizás les pueda valer, yo ahí no voy a entrar… Pero a la Universidad Rey Juan Carlos no… Esos 80 millones de euros para sufragar nuestra nominativa son insuficientes para competir en igualdad con nuestras homólogas madrileñas, españolas y europeas. Nunca nos será posible ponernos a su altura. Jamás.

La comparativa es ho-rro-ro-sa. Atendiendo a los datos actuales, fruto de la evolución sufrida, podemos concluir que, por ejemplo, la Universidad Autónoma de Madrid, con casi la mitad de los estudiantes que nosotros, 26.000, y mil profesores más, recibirá… ¡137 millones de euros! Sí, sí… más del 50% de nominativa que nosotros. Tienen que investigar mucho ¿no crees? para que se pueda justificar tamaña diferencia.

La Universidad de Alcalá de Henares, con menos profesorado y, sobre todo, con tres veces menos estudiantes que nosotros, 16.864,… recibirá de partida seis millones de euros más que la Universidad Rey Juan Carlos. Que alguien me lo explique, por lo menos a mí, porque no lo entiendo.

Y así puedo seguir… La Universidad Complutense ha perdido ocho mil estudiantes y casi cuatrocientos profesores desde 2011… y va a cobrar lo mismo que en 2011, es decir 341 millones de euros ¡cuatro veces más que nosotros!

Cinco millones de diferencia con nosotros tiene la Universidad Carlos III, con un número de profesores muy similar, pero con solo 17.885  estudiantes… En fin, la Universidad Politécnica, con tres veces más profesores y 35.044 discentes… casi 204 millones de euros.

A todas ellas se les respeta la cuantía de 2011 como mínimo, a pesar de que hayan perdido estudiantes o hayan jubilado profesores… Insisto, me alegro por ellas… Pero a nosotros se nos tiene que tener en cuenta el incremento de nuestros parámetros; la Comunidad de Madrid debe reconocernos, y estoy convencido que lo hará, el esfuerzo realizado.

Independientemente de procesos electorales, de filias y de fobias, de apreciaciones personales, esta cuestión creo que debe unirnos a todos. Debemos, pues, presentar estos datos ante la Consejería de Educación, aunque estoy seguro que ya los conoce, para que ese punto de partida tan acertado, el presupuesto de 2011, no suponga de facto, certificar una desigualdad que condena de manera irrevocable a la Universidad Rey Juan Carlos a seguir siendo la peor financiada de España, con el desprecio que eso supone hacia nuestros estudiantes, a los cuales nos debemos ¿o es que son de segunda división?, hacia nuestro personal de administración y hacia nosotros, los profesores e investigadores de esta casa.

Se ha dado un paso muy relevante, de verdad lo creo, para asegurar la estabilidad en la financiación; ahora debemos hacer ver a la Administración regional que la financiación, además de estable, debe ser justa.

En el caso de la Universidad Rey Juan Carlos, si no se atiende a los parámetros actuales, este falso incremento podía convertirse en la losa definitiva que sepultase nuestra capacidad de competir en igualdad con el resto de universidades, como he dicho antes y creo haber demostrado con datos.

No pido ni un euro de más; pero quiero que nos reconozcan lo que, en justicia, nos merecemos. Y estoy seguro que, explicándolo, vamos a conseguirlo.

En Honor a la verdad

Después de los sofocos estivales y ya en el comienzo del curso, quiero colgar esta entrada para que, al menos de esta forma, toda la comunidad universitaria pueda conocer mi postura, creo recordar que además está recogida en algún medio de comunicación, respecto al acuerdo del Consejo de Gobierno extraordinario en el que, salvados sean el voto de una estudiante y el mío, se acordó por abrumadora mayoría de los componentes de dicho órgano, que la campaña electoral de las últimas elecciones a Rector se desarrollase en unos escasos cinco días.

Debido a que, en uso de sus atribuciones, fui cesado como miembro del Consejo de Gobierno por el actual Rector, en la siguiente sesión del mismo, se aprobó un acta que no reflejaba la discusión habida al respecto de esta cuestión tan importante y, claro es, no pude enmendarla en tiempo y forma.

Aunque no supe, o pude, convencer a mis compañeros consejeros, y aunque tampoco lo pretenda ahora hacer con nadie, sí quiero, en honor a la verdad, que la comunidad universitaria sepa mis argumentos y las causas de mi voto en contra de ese mal acuerdo que tanto limitó esa campaña electoral, tan necesaria en el caso que nos ocupa. Los candidatos presentados, ambos prácticamente desconocidos por parte de la comunidad universitaria en general, así como unos resultados electorales casi igualados parecen darme la razón…

El tenor literal de mi intervención que envié para su inclusión en el correspondiente acta es el siguiente:

«El Profesor Vera Santos interviene, poniendo de manifiesto:

  1. Que, como Catedrático de Derecho constitucional que es, asegura que, desde una óptica general, toda normativa electoral se caracteriza por gozar de un carácter tuitivo, protector de los sujetos intervinientes en la confrontación electoral, tanto en relación a los candidatos como a los votantes.
  2. Que dicho principio es aplicable al caso que nos ocupa, las elecciones a Rector y, por supuesto, al calendario que se propone. Concretamente a los artículos 78 y 16 de los Estatutos y del Reglamento electoral, y a la interpretación de la frase «hasta quince días», índice máximo de las jornadas aplicables a la campaña electoral. Ello significa, considera, que el espíritu y la interpretación correcta de la normativa aludida debe entenderse que permite rebajar las jornadas máximas, pero que no puede hacerse de tal manera que casi se impida materialmente la campaña electoral, situación que se produce con la reducción de plazos que se propone para su aprobación por el Consejo de Gobierno.
  3. Que en circunstancias ordinarias en la Universidad Rey Juan Carlos, ese plazo de quince días aparece como adecuado para poder atender por parte de los posibles candidatos a cinco campus (Aranjuez, Alcorcón, Fuenlabrada, Móstoles y Vicálvaro) además de otras dos ubicaciones (Manuel Becerra y Ferraz) y, dentro de ellos, a los cuatro grupos a los que se refiere la normativa (A, B, C y D). Y no sólo se trata de proteger la igualdad de oportunidades de los candidatos; también de potenciar la necesaria información por parte de la comunidad universitaria de la Universidad Rey Juan Carlos sobre el programa y la persona que va a dirigirla.
  4. Que si ello es aplicable en circunstancias ordinarias, debido a la situación tan excepcional que estamos viviendo, tanto por ética como por estética, ese plazo de quince días debe ser tenido en cuenta, de tal manera que

Por todo lo anterior, solicito, para evitar una pésima imagen de la universidad y un desprecio a la comunidad universitaria, que se estudie la posibilidad de que la campaña electoral tenga una duración más cercana al máximo de quince días indicado por la normativa supracitada.»

Los argumentos anteriores no quiero que se utilicen en absoluto para deslegitimar el resultado electoral final, pero sigo defendiendo -muchas personas me lo han confirmado más tarde- que se trasladó una pésima imagen de una Universidad Rey Juan Carlos que no merecía ese trato; y lo que es peor, se procuró una raquítica capacidad de discernimiento a la hora de elegir a quien debería regir nuestros destinos durante los próximos cuatro años.

Quizás todo hubiera quedado más o menos igual, con unos resultados muy parejos, en una u otra dirección… Sí, pero con mayor legitimidad moral que, al menos para mí, es importante, tanto en la victoria como en la derrota. Y con el logro indiscutible de haber dotado de mayor capacidad crítica a toda la comunidad universitaria para elegir al mejor candidato, alejándose así de tantos y tan débiles eslóganes interesados; lejos de tantas injerencias externas en la vida ordinaria de la institución.

Una campaña electoral «un pelín» más adecuada, en fin, hubiera posibilitado, en primer lugar, un mayor acercamiento, un real conocimiento de la institución que pretendían gobernar, tanto del hoy Rector Javier Ramos como de la Profesora Berganza; además, y en segundo término, partiendo de la bisoñez de ambos candidatos en tareas de gestión, resultaba muy necesaria la campaña para destacar nuestra tan injusta como incomprensible financiación pública, cuestión esta con la que tenemos que lidiar con urgencia, desde ya, después del fracaso del tantas veces anunciado «espacio madrileño de educación superior», excelente excusa utilizada para evitar la cuestión.

Si no damos esta batalla, la de financiación, estamos llamados a ser, indefectiblemente, y por decisiones políticas, «la Cenicienta» de las Universidades públicas madrileñas y españolas. Y ello dependerá, en gran medida, de nuestra capacidad de negociación, de nuestra firmeza, sí, pero, sobre todo, de las del Rector Ramos recién elegido.

En este envite, en esta negociación que insto a comenzar ya, en esa firmeza que da saber que tenemos razón, como en cualquier otro empeño que sea en beneficio del interés general de la Universidad, debemos estar todos, al menos yo lo estoy, apoyando al Rector.

De ahí que unos días más de jornada electoral, de reflexión sobre esta y otras muchas cuestiones, no hubieran venido mal del todo ¿no crees?

¡Es la economía…!

Me refiero en esta nueva entrada a la penosa financiación que sufrimos en nuestra universidad desde hace años. No estamos ante una cuestión coyuntural, no… Se trata de una realidad estructural que nos ha hecho, que nos hace, a los profesores, desarrollar nuestras tareas docentes e investigadoras en situaciones muy mejorables.

La escasez de medios repercute también, cómo no, en nuestros estudiantes: profesores sobrecargados de horas y de kilómetros, escasez de medios bibliográficos, instalaciones con menos mantenimiento y actualización… Y nuestro personal administrativo y de servicios, mientras, apagando fuegos como puede…

Siendo esta una realidad incontrovertible, ante la llegada de un nuevo equipo rectoral que deberá planificar sus actuaciones más relevantes, y teniendo en cuenta que se está tramitando en la Comunidad de Madrid una Ley de Universidades, de modernización del espacio madrileño de educación superior, creo que estamos ante una coyuntura única para, de una vez por todas, lograr una financiación digna, equilibrada, suficiente, que nos permita competir en igualdad de oportunidades con el resto de universidades.

Recuerdo los datos que figuran en esta página en el apartado “Financiación y gestión económica”. Datos tan fríos como escalofriantes… Y que, ojo, no son inventados, sino que se obtienen de un tercero independiente, la Fundación Conocimiento y Desarrollo.

Atendiendo al número de estudiantes, factor esencial en cualquier institución docente, bien que no sea el único (admito, por tanto, desviaciones en cuanto a la igualación financiera total teniendo en cuenta otros parámetros), la diferencia entre la financiación de nuestra universidad con la Autónoma de Madrid es del ¡trescientos por cien! Concretamente, nuestra universidad recibe 1842 euros por estudiante, frente a los 5987 de la Universidad Autónoma. La Universidad Complutense recibe 4688; la Politécnica 5292, la de Alcalá de Henares 5755 y la Universidad Carlos III, 5772. En fin… Son datos… ¡y qué datos!

Como soy “de letras”, procedo a un “redondeo” tan simple como significativo para poner unos ejemplos. Si la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid procediera a la tan necesaria como urgente apertura y dotación correspondiente del modelo de financiación de las universidades para equilibrar los presupuestos de las seis universidades públicas (aunque ahora parece que se quiere crear otra dedicada a las Actividades Artísticas); si, de verdad, se apostara por nuestra universidad como una más, sin privilegios pero tampoco sin desigualdad alguna, con un número cerrado de cuarenta mil estudiantes, nos encontraríamos con que, aplicando los parámetros de la Universidad Autónoma, es decir, casi seis mil  euros por discente, el montante de la transferencia a pagar a la Universidad Rey Juan Carlos sería el de multiplicar dicha cantidad de alumnos, cuarenta mil, no por menos de dos mil euros, sino por seis mil. Así, pásmate, pasaríamos de cobrar por este concepto ochenta millones de euros a recibir ¡doscientos cuarenta! Sí… ¡¡¡doscientos cuarenta millones de euros!!!! Lo has leído bien…

Pero bueno, alguno pensará que estoy yendo a lo máximo… Pues bien, simplemente, atendiendo a la ratio complutense, la segunda universidad madrileña peor financiada, la Universidad Rey Juan Carlos debería recibir, en vez de ochenta millones de euros…¡¡¡más de ciento sesenta millones!!! Insisto que estos datos resultan sólo de atender al número de estudiantes.

Observa las cuantías de las que estamos hablando… Evidencian que no podemos seguir así, por respeto a nuestros estudiantes, a nuestros profesores y a nuestro personal administrativo, además de por el mínimo respeto institucional que nos es debido.

Sin miedo a equivocarme, junto con la impecable gestión interna de los fondos públicos, creo que esta es la batalla principal que todos hemos de dar, mucho más en el comienzo de un nuevo periodo rectoral que se abre, dicen nuestros políticos, con menos incertidumbres económicas regionales, nacionales e internacionales, y después de unos años fatídicos preñados de recortes.

Sin estridencias sobradas, pero con la prontitud y contundencia que se necesiten, todos a una, con el apoyo de las asociaciones de estudiantes, departamentos y facultades, creo que la Universidad Rey Juan Carlos debería:

  1. Elaborar modelos de financiación atendiendo a todas las variables posibles y presentarlos a estudio tanto de la Consejería de Educación como de la CRUMA… Se trata de racionalizar la cuestión, intentando “jugar en nuestro terreno”, de dar, y ayudar a que se den los primeros pasos para corregir la precariedad de medios en la que se encuentra nuestra Universidad.
  2. Solicitar, junto con la CRUMA, que, en la meritada “ley de modernización universitaria”, se incluya una disposición transitoria en la que se establezca que, en el plazo de tres meses desde su aprobación, y siempre antes del nuevo ejercicio presupuestario, debe comenzar a discutirse el nuevo modelo de financiación de las universidades. Un modelo justo, equilibrado, que atienda a las necesidades actuales… y que, desde luego, no permita desequilibrios como el aludido.
  3. Instar a la administración regional a que la creación de nuevas universidades públicas se realice, en todo caso, con posterioridad a la aprobación del nuevo marco financiero y la consiguiente dotación presupuestaria del mismo… El argumento, presentado por la CRUMA, es básico: si no se financian convenientemente las universidades existentes, parece un acto de desprecio crear una nueva y dotarla de una financiación que se escatima a las actuales.

Dicen que fue Seneca quien definía la economía como la ciencia necesaria para eliminar gastos superfluos. Yo estoy de acuerdo, todos estaremos de acuerdo, en que han de gestionarse los recursos públicos con eficacia y eficiencia; que los gastos superfluos no se pueden, en ningún caso, permitir. Sí, pero en la Universidad Rey Juan Carlos, y a la fuerza, hemos eliminado incluso gastos que eran, que son, absolutamente necesarios, esenciales, para el desenvolvimiento de nuestras tareas, tales como los de compra de libros, revistas o utensilios de laboratorio. No te cuento nada sobre equipamientos de todo tipo o de los sobreesfuerzos docentes realizados… Ya es hora de que esto se reconozca…

Por eso creo que hemos de conseguir una financiación que no nos penalice de manera inmisericorde. No seamos más papistas que el Papa, más estoicos que el filósofo cordobés, aceptando con apatía una asfixiante realidad financiera que no diferencia lo superfluo de lo mollar.

¡Enhorabuena!… y a trabajar todos juntos

Una vez conclusas tanto la muy limitada campaña electoral como la jornada de voto; una vez conocidos los datos correspondientes y, dejando a un lado otros aspectos que me hubiera gustado, como a la inmensa mayoría, que no se hubieran producido, quiero en primer lugar, felicitar a la comunidad universitaria por la excelente participación obtenida.    Creo que es muy importante concienciarse de que pertenecemos a una institución que, aunque debe regirse por criterios académicos, permite que los que en ella estamos, trabajamos, a los que en ella y por ella nos hemos desarrollado como personas, amén de como docentes, discentes o personal administrativo, posibilita una participación en la toma de decisiones que debe ser ejercida con responsabilidad. En este caso, la elección del Rector, entre dos candidatos cuyos resultados creo que han sido muy meritorios.

Quiero felicitar a Javier Ramos, nuestro próximo Rector, mi Rector, por haber sido el ganador de estas reñidas elecciones. No hay duda alguna. En democracia, la legitimidad de origen en los cargos electos se logra así: compitiendo electoralmente y alcanzado el triunfo. Enhorabuena Javier y, como he tenido la ocasión de hacerlo personalmente, te deseo todos los éxitos en tu tarea de gobierno. Tus logros en la gestión serán los nuestros, serán los de toda la Universidad Rey Juan Carlos. ¡Menuda responsabilidad!

Pero no quiero dejar de destacar los más que dignos resultados alcanzados por Rosa Berganza. Muchas felicidades también a la otra candidata en liza por unos números muy importantes, que reflejan la opinión de una buena parte de nuestros estudiantes, profesores y personal administrativo. No cabe duda alguna… Ninguna.

Solo alguien alejado de la realidad de la Universidad Rey Juan Carlos, de los deseos de sus estudiantes, de sus profesores, incluso de los diferentes campus, puede negar la realidad poliédrica que nos ofrece el escrutinio de los votos. Insensatos los encontramos en todos los lados, pero creo que deben dejar de ser protagonistas de una historia que, obviamente, no es la suya.

La sensatez debe imponerse; creo, además, que ambos candidatos atesoran la suficiente para saber, ya lo escribía en mi primera entrada de este blog, que aunque, sin duda, debe prevalecer el programa y equipo del candidato ganador, de Javier Ramos, para asumir que «en situaciones como la actual, (…) es aún más importante para la Universidad Rey Juan Carlos, tranquilizar los ánimos, pararse a pensar, discutir proyectos académicos, consensuar ideas y aplicarlas (…)».

Y es que, para la inmensa mayoría de los miembros de nuestra comunidad universitaria, alejados todos ya de fuegos de artificio, de brillos y de negreces, de tantos y tan desmedidos y tan desproporcionados elogios e improperios, para esa inmensa mayoría,  lo importante es que se adopten las medidas adecuadas para mejorar la docencia, la investigación, la gestión… y no se nos olvide nunca, la necesaria convivencia.

Hoy ya nos enfrentamos, tú mucho más, Javier, a lo realmente importante: gobernar. Espero que, todos juntos, trabajando cada uno en la tarea que nos corresponda, olvidemos rencillas y trincheras que a muy pocos interesan; que las lanzas se tornen podaderas en frase evangélica. Y que el mañana de la Universidad Rey Juan Carlos se escriba conjuntamente, con el esfuerzo de todos, con el respeto de todos.

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