Ante un nuevo paso de las musas al teatro

Hace unos meses, en plena crisis de imagen y de valores de nuestra Universidad, me vi en la obligación moral de comenzar a escribir y compartir con vosotros mis reflexiones sobre la que considero mi casa y la tuya. Esta tarea la inicié preocupado, no te voy a engañar, por aquellos tristes acontecimientos pero, sobre todo, porque creía y creo que los años han ido pasando y nuestra institución necesita un nuevo impulso y una nueva forma de dirección.

Todos conocemos, muchos de nosotros muy de cerca, las impresionantes cifras que han jalonado nuestro camino en los últimos años y que nos llevan a ser una referencia en muchos terrenos del panorama universitario nacional. Este crecimiento que hemos experimentado, con el esfuerzo de todos, supone un nítido motivo de orgullo, pero también un importante reto que no podemos dejar de afrontar con la mayor celeridad posible.

Este desafío lo es más porque, como ya he mostrado en otras ocasiones con la crudeza de las cifras, las instituciones que deben dar soporte a tan magnífico crecimiento no han equiparado nuestro esfuerzo al suyo, aunque estoy convencido que, más pronto que tarde, lo harán.

Con la mirada puesta en el futuro, de un futuro que contemplo con ilusión, con ganas de contribuir a la mejora de nuestro proyecto, en la medida de mis posibilidades, quiero anunciarte a través de estas líneas que acabo de presentar mi candidatura a Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Parafraseando a Lope de Vega, voy a pasar, de nuevo, «de las musas al teatro», de la teorización a la acción, aunque creo que no cabe la segunda sin la necesaria fundamentación en la primera. Si la Junta de Facultad así lo decide, el día 15 de noviembre quiero ser tu Decano. Para afrontar con éxito este tan importante puesto, cuento con la experiencia en gestión que he ido atesorando a lo largo de mis veinticinco años de carrera académica. Durante este tiempo he desempeñado diversos cargos, en diferentes áreas (estudiantes, centros, extensión universitaria), sin olvidar nunca «mis primeros pasos» en gestión universitaria que, como muchos conocéis, comenzaron en el Centro «Ramón Carande». En todos estos años he conformando equipos diversos, integrando constantemente sensibilidades y personas, actuando siempre con absoluta independencia de criterio. Siempre he cumplido con mis obligaciones docentes, tratando de estar presente en las nuevas iniciativas que se han ido poniendo en marcha en este terreno. Y, por supuesto, he realizado contribuciones originales en mi área de conocimiento, teniendo reconocidos los tramos de investigación que me ha sido posible solicitar. Todo ello creo, sinceramente, que avala mi capacidad para desempeñar una misión que, sin duda, no es sencilla.

Además, a lo largo de estos en estos meses he estado hablando con muchos de vosotros a raíz de esas reflexiones que he compartido y que vosotros también me habéis hecho llegar. Esas conversaciones me han servido para completar mi punto de vista con el vuestro e ir conformando una visión que querría trasladar a nuestra casa, a nuestra Facultad, a nuestra Universidad. Como la coherencia siempre ha sido para mí un valor esencial, quiero volver a insistir en siete principios que considero necesarios para que nuestro proyecto llegue a buen fin:

Participación. Sin ninguna duda, el activo más valioso de una Universidad son las personas que la componen. De su bienestar depende el buen funcionamiento de la institución. Creo que la participación de la comunidad universitaria, estudiantes, profesores y personal de administración y servicios, puede contribuir tanto a la identificación de todos con un proyecto común como a la mejora de nuestra Facultad.

Respeto. Desde su creación, la Universidad Rey Juan Carlos se ha caracterizado por integrar personas y actividades con marcadas diferencias. En esa diversidad hemos encontrado un gran potencial de avance pero también de conflicto. Debemos resolverlo y apostar por el respeto por las diferencias de todo tipo, por el derecho a ser diferente, a aportar de formas distintas sin que eso suponga exclusión alguna.

Planificación. Hace meses reivindiqué que necesitábamos con urgencia realizar un análisis estratégico. En aquel entonces, os recordaba que Séneca decía que “no hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va”. Parece que el Rector Ramos ha decidido seguir esta línea y me parece interesante pero, al mismo tiempo, creo que es fundamental participar activa y decididamente en esta planificación.

Transparencia y comunicación. Debemos mostrar nítidamente cuál es nuestro plan y por qué lo desarrollamos. Además, la comunidad universitaria debe conocerlo, si así lo desea, y debe tener conciencia de cuál es su papel en la consecución de esos objetivos.

Coherencia. Con el proyecto, con las personas y con los objetivos que se establezcan. Nuestra Facultad está inserta, como una parte esencial, en la Universidad Rey Juan Carlos y debe contribuir al desarrollo del proyecto común, ocupando el lugar absolutamente protagonista que le corresponde.

Sostenibilidad. No sólo económica, pero también económica. Debemos ser una institución que vele por el conocimiento, por el saber en su acepción más amplia, sí, pero también económica, social y medioambientalmente sostenible.

Responsabilidad. Debemos ser una institución socialmente responsable, con todo lo que ello implica. Nuestro carácter público nos lo exige.

Esta es la base del proyecto que quiero desarrollar. Un proyecto sólido, de futuro, comprometido con nuestra Facultad y, por ende, con la Universidad. Creo firmemente que somos una gran institución, con un potencial incalculable, que necesita de un impulso nuevo que ayude a poner en valor todo el trabajo que se ha realizado y que se realiza. Estoy preparado para dar ese impulso y quiero contar contigo. ¿Andamos juntos este camino?

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